La piedra

«No soy de piedra», me dijo. Y yo la creí.

Porque la vi bailar, como un canto que rebota en el agua al ser lanzado.

Porque la vi brillar, como una estrella lejana, que es no es más que un roca flotando sola en el espacio a años luz de aquí.

Porque me hizo arder, como lo hacen las piedras de un volcán que todo lo arrasan.

La encontré en mi camino y tropecé, como lo hacen los hombres en más de dos ocasiones.

Después me golpeó varias veces, convertida en un frío muro. Y se alejó.

Entonces, lo supe.

Sí, eras piedra, aunque hasta ahora no lo vi.

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